Samuráis, portadores del arte de la muerte

“… Cuenta una leyenda, que una hermosa Diosa nipona cayó en tristeza por amor, de sus lágrimas brotaron islas que conformaron el archipiélago del sol naciente. Siglos más tarde, surgirían guardianes para proteger sus costas y territorios. Esos guardianes, durante siglos, fueron los samuráis…”

Si hay algo más representativo de Japón a parte de las geishas, son los samuráis. No obstante, muy pocos conocen lo que verdaderamente conllevaba ser uno de ellos. Ser un samurái era mucho más que ser un simple guerrero, ser un samurái era un estilo de vida propio. Conozcamos hoy un poquito sobre la fascinante historia de estos guerreros, que jugaron un papel muy importante en la sociedad japonesa de su era.

Su origen se establece en el periodo Heian (794-1185), cuando comenzaron a ser contratados por lugartenientes que habían conseguido grandes cantidades de poder y lograron independizarse del gobierno central, utilizándolos así para su protección personal. En este periodo el gobierno central había perdido el control de las zonas rurales, los lugartenientes aprovecharon entonces para llenar ese vacío de poder con una nueva clase guerrera. Existían sobre todo dos clanes de lugartenientes muy poderosos, los Minamoto y los Taira, que acabaron luchando entre sí por el poder, triunfando los Minamoto y estableciendo así el shogunato (gobierno de la clase militar) como el nuevo status quo. El Emperador de Japón quedó a su sombra como un mero espectador de la situación política del país, así pues, durante largos periodos de inestabilidad, los samuráis se enfrentaron día a día con los horrores de la guerra y con la posibilidad de su propia muerte, por lo que muy seguramente todos eran conscientes de ese riesgo. Por ello los samuráis practicaban el Budismo Zen, el cual a través de la meditación perseguía el equilibrio espiritual, y la unión entre el cuerpo y el espíritu, que en el caso de los samuráis, les permitiera aceptar la vida y la muerte como transformación espiritual. El Budismo Zen requería de una gran disciplina, y marcó y marca la cultura japonesa, en las artes marciales, en el ikebana, en la ceremonia del té, en la poesía e incluso en la caligrafía.

En contraposición a esta parte pacífica y espiritual del samurái, se encontraba el Bushido, literalmente traducido como el camino del guerrero, un código de honor y valores para el samurái. Se estableció en Japón a partir del siglo XII, y contiene las creencias Shintoistas, los dogmas del Budismo Zen, y los preceptos del Confucionismo. Dicho código se basa en siete principios; Gi, Yu, Jin, Rei, Meyo, Makoto, y Chugo, y este es su significado:

  • Honradez y justicia (Gi): “Se honrado en tus tratos con todo el mundo, cree en la justicia, pero no la que emana de los demás sino en la tuya propia”.
  • El valor (Yu): “Alzate sobre las masas de gente que temen actuar, ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir”.
  • Compasión (Jin): El poder que desarrolla un samurái, debe ser usado en bien de los demás, y en ayudar a sus compañeros.
  • Cortesía (Rei): “Los samuráis no tienen motivos para ser crueles, y no necesitan demostrar su fuerza, un samurái debe ser cortés incluso con sus enemigos”.
  • Honor: (Meyo): “El samurái sólo cuenta con un solo juez para su honor, y es él mismo, las decisiones que tomas y cómo las llevas a cabo son un reflejo de quién eres en realidad”.
  • Sinceridad (Makoto): La palabra del samurái es movimiento, cuando dice que hará algo, es como si ya lo hubiese ejecutado, y nada lo detendrá en llevar a cabo lo que ha dicho. No “da su palabra.” ni “promete.” Hablar y Hacer son la misma acción.
  • Lealtad (Chugo): Un samurái es responsable de sus palabras y actos, así como de las consecuencias que deriven de sus acciones o palabras.

Este código se mantiene activo hoy en día en las artes marciales como el Judo, el Aikido y el Kendo.

El momento cumbre del samurái tuvo lugar durante el período Sengoku, una época de gran inestabilidad y continuas luchas de poder entre los distintos clanes existentes, por lo que esta etapa de la historia de Japón es referida como «período de los estados en guerra». Curiosamente,  la imagen de un samurái en la historia estuvo más relacionada con la de un arquero a caballo que con la de un espadachín, y no fue sino hasta el periodo Edo, donde reinó una relativa paz, que la espada adquirió la importancia con la que se la relaciona actualmente. Este periodo duró aproximadamente unos 250 años. No obstante, la historia de los samuráis es más trágica de lo que nunca llegasteis a pensar. El Emperador de la denominada Restauración Meiji, abolió la clase de los samuráis, acabando abruptamente con todo un estilo de vida. Quitó por completo el poder a los samuráis y a los daimyo (señor feudal de los samuráis) y movió la capital de Kyoto a Tokio. Algunos de estos antiguos samuráis terminaron alistándose al ejército del gobierno, sin embargo muchos otros se levantaron en su contra en la Rebelión de Satsuma, donde fueron derrotados, y de este modo la era de los samurái llegó a su fin.

Como aporte curioso, me gustaría mencionar que los samuráis practicaban un tipo de pederastia similar al griego llamado wakashudo (el camino de la juventud), considerado por algunos moralistas como necesario para lograr «gentileza en el discurso» y «refinamiento del comportamiento educado», incluso se esperaba que el amante más joven diera su vida por el otro. Existen innumerables ejemplos tanto en la vida real como en la literatura de este tipo de relación, que no impedía a ninguno de los dos componentes tener relaciones sexuales con mujeres. Existen además una gran cantidad relatos sobre el tema, como el titulado «Trágico amor de dos enemigos» de Cuentos del espíritu del samurái (1688) de Ihara Saikaku, sobre dos samuráis cuyo amor entra en conflicto con sus deberes. La práctica del wakashudo, y esto es completamente una teoría mía, puede haber derivado en esa gran amistad, o mejor dicho hermandad, que existe hoy en día entre los hombres japoneses (aunque en Corea también existe esta hermandad y puede que mucho más notoria), quienes no tienen miedo de mostrar su afecto (no como en occidente que como mucho dos hombres se dan golpetazos en la espalda a modo de abrazo), y quienes forman un gran vínculo entre ellos. Pero como ya he dicho, esto es una divagación mía, pura especulación.

Así pues, la fantasía y la realidad de los samuráis se ha entremezclado e idealizado en la actualidad, de eso no hay duda, y sus historias han servido de base tanto de novelas, como de películas, series e incluso mangas. De hecho, esta última etapa en la historia de los samurái en la Restauración Meiji la podemos ver claramente reflejada en el manga del mangaka Watsuki Nobuhiro llamado Rurouni Kenshin, del cual os hablé hace poquito y donde podemos ver la injusticia con la que fueron tratados los samuráis en su etapa final, quienes fueron simples peones de los daimyo en sus luchas de poder y guerras, siendo desechados una vez que ya no fueron necesarios. Sabed que la palabra samurái significa “servidor”, un nombre que refleja claramente el verdadero papel de estos guerreros.

Turbulenta y fascinante historia la de los samuráis, quienes siempre serán recordados como los portadores del arte de la muerte, unos hombres que fueron mucho más que simples guerreros y que sirvieron a su país con devoto.

La historia de los samuráis es extensa y abundante e imposible de explicar cada detalle sin aburrir a los menos interesados. He intentado resumirla lo mejor que he podido para que podáis conocer un poco sobre el verdadero significado de ser un samurái. A mi siempre me ha fascinado todo lo relacionado con los samuráis y espero haberos transmitido un poquito de esa fascinación. No dudéis en dejar vuestra opinión abajo, ya sabéis que me encanta conocer lo que pensáis de cada tema 🙂

¡No os olvidéis que podéis seguirme en Twitter y Facebook para estar al tanto de todas mis publicaciones! Encantada de poder enseñaros un poco sobre la cultura japonesa, ¡nos leemos en la próxima entrada! 😉

 

“Has visto muchas cosas y no temes la muerte, pero algunas veces la deseas, ¿no es cierto? Eso le pasa a los hombres que han visto lo que hemos visto. Como las flores, vamos muriendo, reconocer la vida en cada sorbo de aire, de cada taza de té, de cada muerte. Ese es el camino del guerrero.”

Katsumoto.

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